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Phonsavan-Sam Neua

domingo, 1 de febrero de 2009

2009_0201_070924AA Me he levantado a las seis y media y, tras un frugal desayuno, he cogido el bus de las ocho a Sam Neua (6€). Antes de eso he podido fotografiar de un modo bastante discreto una imagen que he visto todos los días que he madrugado desde que estoy en Indochina, los monjes paseando en busca de alimento y cantando luego a las que se lo dan, supongo que para bendecirlas o algo así. Aunque el bus era viejo y tenía poco espacio para las piernas me las prometía muy felices al tener dos asientos para mi solito. Pero antes de salir de Phonsavan ya se había llenado… no solo los asientos, sino que habían cargado el pasillo con unas planchas metálicas y sacos sobre los que tuvieron que sentarse los pasajeros que subieron en las siguientes paradas. Unas 25 personas (y un perrito) en un bus de 20 plazas. En las breves paradas que hizo el bus en el camino tuve que hacer maravillas para poder salir a estirar las piernas…. y para volver a recuperar mi asiento.

En el autobús iba otro extranjero, un australiano que lleva recorridos 51 países y que ya ha venido a Laos varias veces (un total de seis meses aquí) y habla algo de laosiano. También conoce Madrid, Barcelona, Toledo, Segovia y Ávila y habla algo de español… impresionante. Sobre todo porque el tipo es más bien timidillo y no tiene mucho sentido del humor. No se ajusta nada al perfil de viajero que conozco.

2009_0201_081528AA Algunos de los tramos que he hecho hoy eran de tierra hasta hace no mucho, pero ahora está todo asfaltado y el firme es bueno. Aunque no hay una recta en los 200 kilómetros -o menos- entre Phonsavan y Sam Neua. Los paisajes son bastante parecidos a los que he descrito ya de Laos, montañas y bosque, aunque en esta ocasión hemos atravesado algunos bancos de niebla bastante densos, sobre todo por la mañana, en Phonsavan, y al final del trayecto. Lo más reseñable es que se supone que se tarda entre 8 y 10 horas en cubrir el trayecto… y una mieeeeerda. ONCE HORAS Y MEDIA. He vuelto a batir mi record. Y, repito, son menos de 200 kilómetros.

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También quiero decir, como curiosidad, que en una de las aldeas que hemos cruzado he visto a un niño albino. A lo lejos creí que era un sueco disfrazado de laosiano, pero en apenas una décima de segundo me di cuenta de lo absurdo de mi teoría y, al pasar al lado, pude comprobar que tenía rasgos orientales. Estaba jugando con otros niños, así que me dio la sensación de que no lo toman como si fuera un bicho raro.

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Hemos llegado a Sam Neua ya de noche (19:40), me he cogido una habitación en el primer guest house que he encontrado (Phootong, sale en la Lonely Planet) he cenado en uno de los dos restaurantes que he visto, he buscado infructuosamente un ciber y me he venido a la habitación a escribir, ordenar fotos y dormir. Mañana más.

Phonsavan, jarras y bicicleta

sábado, 31 de enero de 2009

2009_0131_170942AA Phonsavan es la capital de la provincia de Xieng Khuang, en el noreste de Laos. Tiene 60.000 habitantes y cuatro calles asfaltadas, eso si, muy largas, que hacen una especie de rectángulo. Estas calles -en realidad dos de ellas son carreteras- se parecen bastante a la de la serie de TV “Doctor en Alaska”, solo que en tropical. El resto de las calles son de tierra. Lo único que hace que este pueblo tenga algo de vida turística es la famosa “llanura de las Jarras”. En un área muy grande alrededor de Phonsavan se han encontrado hasta 20 agrupaciones de estas jarras que tienen al menos 2.000 años de antigüedad, aunque esto no es fácil de precisar porque parece ser que no tiene restos orgánicos y, por lo tanto, no se les puede aplicar el carbono-14 ni nada por el estilo. Lo curioso es que nadie sabe para que se usaban, aunque la hipótesis de que fueran una especie de sarcófagos o urnas funerarias es la que más peso tiene. Tres de estas zonas (sitios 1, 2 y 3) son visitables, así que para allá me he ido.

2009_0131_125741AA Me habían dicho que el sitio 3, a 35 Km. de Phonsavan, era el más interesante y yo, que me fio de la gente y de mis fuerzas he alquilado una bicicleta esta mañana para llegar hasta allí. Pero no una bicicleta cualquiera, no. Una Merida Matts Sub 5 con suspensión delantera, frenos en V y 24 velocidades a la que he bautizado inmediatamente como “Emerita Augusta” -ya sabéis que soy un poco pedante :). El caso es que me ha costado 3,80€ por el día entero. Pero ha merecido la pena, la bici valía cada céntimo de ese dinero.

2009_0131_104758AA A las 8:45 me he puesto en marcha y mi primera parada ha sido en la oficina de turismo, a la salida del pueblo. Allí nadie hablaba una palabra de inglés y ni siquiera podían indicarme la dirección a seguir para llegar a la llanura (menos mal que ya lo sabía y solo preguntaba por sacar conversación). Encima de una mesa vi el típico libro de firmas para llevar el registro de visitantes y les dije que si podía apuntarme… naranjas de la china, que no, que no podía apuntarme. Glorioso. Seguí camino y sobre las nueve y media pasé por el desvío que lleva a el sitio 1, un rato más tarde hay que dejar la carretera para seguir por un camino pedregoso y polvoriento que, afortunadamente, deja de ser pedregoso a los 4 o 5 kilómetros para ser solo polvoriento. A las diez y media pasé por el del sitio 2 y, por fin, a las 11:20, llegué al sitio 3. dos horas y 45 minutos -con paradas- para recorrer 35 Km, no está mal.

2009_0131_112310AA Tras pagar en la taquilla los 0,65€ de la entrada hay que recorrer alrededor de un kilometro -en las guías pone que son 2, pero se me hace mucho- entre arrozales para llegar a lo alto de la colina donde se encuentran las jarras. En esta estación los arrozales son grises, pero en verano, con las lluvias, debe ser de un verde impresionante. La colina tiene algunos árboles, así que se está fresquito y me pasé un buen rato viendo la llanura que se extendía a mis pies en todas direcciones, las montañas a lo lejos y, claro está, las jarras. Muy curiosas las jarras. En el tiempo que estuve allí llegaron y se fueron tres grupos de turistas (2 o 3 en cada uno de ellos) con guía y eso es todo. Silencio y tranquilidad.

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2009_0131_134523AA Volví a por Emerita Augusta y emprendí el regreso a las doce y media. Cuando llegué a la carretera, a las dos y veinte, tenía mucha hambre, así que me acerqué a comer al primer sitio que vi, una explanada con toldos, muchas mesas, y algunos laosianos comiendo en algunas de ellas. Pregunté a los lugareños si era un restaurante y, tras un rato de conversación gestual, se me acercó un chaval -creo que es “el chaval que habla inglés del pueblo”- a decirme que me sentara con él y sus amigos. Compartí su arroz, carne, verduras y agua mientras me explicaba, como podía, que estaban preparando la celebración de la boda de un amigo suyo y de ahí los toldos y las mesas. Touy, que así se llama el chaval, me dijo que me quedara a la fiesta, pero al ir en bici no podía permitir que se me hiciera de noche, además tenía que devolverla antes de las 20:00. Curiosamente Touy estudia matemáticas en la Universidad de Vientiane. Le pedí la dirección para mandarle una postal desde España. Antes de irme le dije que me presentara al novio, que andaba por allí. Cuando me lo presentó quise darle algo de dinero como regalo, él parecía contento pero la madre, que andaba por allí también, vino corriendo diciendo noseque y le hizo devolvérmelo. Touy me explicó que la madre decía algo así como que “los amigos no pagan”. Así que me fui de allí sobre las tres y media con nuevos amigos, el estomago lleno y una botella de agua en la mochila. Lamentablemente no se me ocurrió sacar la cámara de fotos en todo el rato (miento, lo pensé al principio, pero me dio vergüenza).

2009_0131_160346AA Cuando pasé por la señal del desvío al sitio 1 (2,5Km desde allí) estuve a punto de pasar del tema, pero la carretera parecía buena y sin mucha pendiente y había leído que las jarras más grandes se encontraban allí, así que hice un esfuerzo extra y me acerqué. Esta zona, al ser la más cercana a Phonsavan, está mucho más “industrializada”, con un bar en condiciones al lado de la taquilla y un parking de pago (obviamente dejé a Emerita Augusta en la carretera, a lo gratis). También había bastante más gente que en el sitio 3. Entré, subí a la primera colina (en este sitio hay dos o tres), saqué unas fotos y listo. Al fin y al cabo son solo jarras, ¿No?

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2009_0131_172325AA A las cinco y media -tras 75 kilómetros y unas 4 o 5 horas pedaleando- me despedí, con lágrimas en los ojos, de Emerita Augusta y me fui a echarme una siesta de campeonato. No sin antes charlar un rato con el hombre que sale en la foto de al lado. Un viajero danés con mucho mundo a sus espaldas. También entre a ver la exposición del “Mines Advisory Group” (MAG) sobre los UXO, muy pequeñita, pero interesante.

 

Nota: No entiendo muy bien porque lo llaman LLANURA de las jarras, están casi todas en lo alto de colinas :-S

Vientiane-Phonsavan

viernes, 30 de enero de 2009

Estoy publicando esta entrada junto con la anterior "Vientiane, la capital más tranquila del mundo". Si quereis leer cronológicamente empezad por ahí (estará más abajo, lógicamente).

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Otra vez en la carretera, y además la misma. El bus ha vuelto a desandar parte de lo andado en días anteriores (unos 250Km) por la ruta 13 y luego se ha desviado hacia el Este por la 7 para llegar a Phonsavan, a 1200 metros sobre el nivel del mar y a unos 450 Km -11 horas de autobús- de Vientiane. He salido del hostal -por cierto, adjunto la foto de la colcha de Doraemon, por si no os lo creíais- antes de las siete y me ha impresionado el aspecto de la ciudad a esa hora. Apenas algunas motos por la calle y silencio, mucho silencio. Parece mentira que estemos en la capital de un país y que sea viernes (!)

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Por si no os habéis enterado: 11 HORAS DE AUTOBÚS, si, si, 11 horas. Y lo que más me sorprende es que no me siento demasiado destrozado y que considero que he pasado un día bastante interesante.

2009_0130_151820AA Para empezar el bus iba bastante vacío y tenía dos asientos para mí, así que podía medio tumbarme y moverme con facilidad, además el hueco para las piernas era generoso. Encima he hecho más amigos, yo era el único guiri del bus, pero las chicas que se sentaban detrás de mi, Phet y Ticna, hablaban un inglés bastante correcto y hemos charlado bastante. Y, por supuesto, los paisajes -aunque repetidos durante la mitad del camino- son interesantes; ya sabéis, montañas, árboles, ríos, laguitos… y ya llegando a Phonsavan se empiezan a ver los efectos de la Guerra Secreta (pacieeencia, que ya llega) en forma de claros en la selva y rocas ennegrecidas y, sorpresa, ¡Pinos! No había visto coníferas desde que llegue a Asia (creo), supongo que la altitud de esta zona (1200 metros) crea un clima menos tropical y más adaptado a estos árboles.

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De Phonsavan hablaré mañana con más detalle, ahora toca escribir la redacción que llevo días demorando:

La Guerra Secreta y los UXO, por Daniel Rivas.
En 1962 el tribunal de Ginebra declaró a Laos país neutral en la guerra de Indochina. A pesar de ello, entre 1964 y 1973 el ejercito de los EEUU se entretuvo en bombardear Laos de forma sistemática para intentar -sin éxito- cortar la línea de aprovisionamiento de los vietnamitas en la guerra -que se desarrollaba en el centro y sur de Vietnam-, la famosa ruta de Ho Chi Ming. Esta guerra fue llamada la “Guerra Secreta” porque ni siquiera el congreso de los EEUU sabía de su existencia. Durante ese tiempo realizaron 580.344 misiones y se lanzaron dos millones de toneladas de bombas, convirtiendo a Laos en el país más bombardeado de la historia -tocaban a 500 Kg de bombas por laosiano. La región más castigada fue Xieng Khuang, en cuya capital, Phonsavan, me encuentro ahora. Lo peor de todo esto es que el 30% de estas bombas no estallaban al caer, así que dejaron esta zona, y otras muchas del país, sembradas de UXO, unexploded ordnance (artefactos sin explosionar). Estos artefactos aún hoy siguen causando víctimas, sobre todo niños que se los encuentran y los tocan o juegan con ellos sin saber del peligro que esto conlleva.
En esta región se usan los restos -desactivados- para todo, como soportes para vallas, de barbacoas, floreros, llaveros… cuando he llegado ya era de noche y no he visto muchos, pero me parece que mañana me voy a hinchar. Ya os contaré.