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El círculo se cierra

domingo, 15 de septiembre de 2013

Todo viaje, por definición, tiene principio y fin. Y desde que el hombre se hizo sedentario esos hitos del recorrido son el mismo punto; haciendo que todo viaje sea, casi por definición, circular.

recorrido

Y mi periplo de este verano no podía ser menos. Y este es el momento en el que regreso a mi pequeño punto del mapa. Al lugar en el que está mi casa. Pero no sin antes pasar una última aventurilla…

Hay veces que las cosas ocurren de un modo curioso. Este verano he recorrido más de 7.000 kilómetros por Europa. He recorrido nueve países y no he subido a un solo avión. He usado trenes, autobuses, blablacar y he hecho auto-stop.
No he tenido un solo problema el los primeros 6.850 kilómetros. Pero, cuando tan solo me quedaban 150 kilómetros para llegar a casa, pasó esto:

autovía Madrid-Barcelona

Sí señoras, la rueda de la furgoneta en la que íbamos 9 personas reventó cuando circulábamos a 120 km/h por la autovía Madrid-Barcelona a la altura de Lérida. Para habernos matado.
Ocurrió en una recta y el conductor no tuvo mucha dificultad en dirigirse a la cuneta y aparcar allí en espera de que llegar ayuda.
Curiosamente el tipo, que se llama Daniel, borró su perfil de blablacar al día siguiente y creó uno nuevo en el que se llama Gustavo… supongo que alguno de los ocho pasajeros le dejó una opinión negativa. Yo no lo hice, los accidentes ocurren y no creo que sea plan de culpar a nadie. Además todos llegamos a nuestro destino sanos y salvos (un poco más tarde de lo previsto, eso sí).

Y al fin llego a casa, 50 días después de haber salido. En este viaje he jugado a la petanca en Nimes; he paseado, de la mano de Juliana, por Praga al anochecer; he comido salchichas en Núremberg; he mordido a un gnomo en Breslavia; he bebido palinka bajo la luz de las estrellas junto al río Mosoni Duna. En definitiva, he vivido montones de experiencias, he explorado montones de lugares y he regresado a otros que bien merecían una segunda –o tercera- visita. En la mochila traigo montones de viejas amistades reforzadas y montones de amigos nuevos. Regreso a casa con la certeza de que el mundo está lleno de personas fantásticas y de lugares increíbles. Regreso a casa soñando con la próxima aventura…

Unos días de descanso en Madrid

sábado, 14 de septiembre de 2013

Para terminar el viaje he pasado unos días en casa de mis padres para hacerles una visita y, ya de paso, descansar un poco y prepararme para el regreso. Ha sido un poco como la descompresión que tienen que hacer los submarinistas antes de regresar a la superficie.
Quiero poner aquí una nota personal y comunicar al mundo que he aprovechado para afeitarme toda la barba por primera vez en… no sé, por lo menos 15 años. La sensación es muy extraña. Por no hablar de las caras que han puesto mis padres y hermanos al verme; todo un aviso de que no debo volver a hacerlo nunca más.

un pato de Madridun bar de Madrid

Además ha venido Juliana desde Barcelona para conocer a mi familia y pasar esos últimos días conmigo (Juliana ya ha aparecido en las entradas de Breslavia, Praga, Núremberg y Dusseldorf, así que no es necesario presentarla, ¿verdad?). 
A lo pareja de turistas felices (y sin barba) hemos aprovechado para acercarnos a ver el templo de Debod en uno de esos magníficos atardeceres que se ven en Madrid con frecuencia. Por desgracia estaban cerrando cuando hemos llegado y no hemos podido entrar, pero solo por darle la vuelta y verlo por fuera merece la pena la experiencia.

templo de Debod, Madridtemplo de Debod, Madridtemplo de Debod, Madridtemplo de Debod, Madrid

Y con esta tontería queda cerrado el viaje; o casi…

Entrando a España por el Norte

martes, 10 de septiembre de 2013

frontera francoespañola en HendayaEl regreso a España, como no podía ser de otro modo, lo hice por carretera. En Biarritz cogí un autobús que me llevó hasta San Sebastián, que sigue siendo tan impresionante como siempre. Hice el viaje con dos australianas que había conocido en el hostal de Biarritz y que desde San Sebastián cogerían un bus a Barcelona.
Tuve la tentación de recortar mi última semana de viaje y coger ese bus con ellas para regresar a casa. Pero mi periplo aun tenía dos escalas que no quería saltarme. Además las australianas estaban locas: todo su afán era llegar a Barcelona para irse de fiesta, conocer chicos y drogarse sin mesura.

Así que esperé al autobús que iba a Logroño por la tarde y tuve tiempo para asomarme a la playa de la Concha y sacarle unas fotos.

San Sebastián

En Logroño me quedé en casa de mis amigos María, Cesar y su hijo Pablo. A María y Cesar no les veía desde hacía demasiado tiempo, y a Pablete ni siquiera lo conocía. Así que esa escala no solo fue gastronómicamente interesante (¡Viva la calle del Laurel!), sino que sirvió para pasar unos días “poniéndome al día” con mis viejos amigos.
Y, de este modo tan tranquilo y familiar, el penúltimo eslabón del viaje quedaba engarzado en la cadena de las experiencias vividas.

Logroño LogroñoLogroñocopazo en Logroño

Biarritz, esto no parece Francia

domingo, 8 de septiembre de 2013

Pues eso, ya lo he dicho. Biarritz, por su orografía «acantiladosa», sus mansiones decimonónicas, su clima lluvioso, sus playas de arena amarilla y sus olas estupendas se parece más a San Sebastián que a París.

BiarritzBiarritz

Un  día de verano de 1959 un escritor alemán que vivía en Santa Mónica (EEUU) pasó por aquí, se tiró al agua con un rústico tablón de madera y comenzó a deslizarse por las olas. Algunos nativos del lugar (suponemos que con txapela) le vieron y pronto comenzaron a probar el nuevo deporte.

BiarritzBiarritz

Han pasado más de cincuenta años desde que aquel hombre fuera el primero en hacer surf en el continente europeo y su aportación está vivita y coleando. En Biarritz hay decenas de tiendas y escuelas de surf donde se venden y alquilan equipos y las dos playas que hay en la ciudad están repletas de patitos en traje de neopreno que se pelean por coger las olas playeras.

BiarritzBiarritzBiarritzBiarritzBiarritz

¿Y qué más hay allí? Pues eso, ¿qué más quieres? Acantilados, faros, playas… la ciudad en sí no me resultó muy interesante, pero eso es lo de menos. Así que os dejo con unas fotos de lo que realmente me gustó de Biarritz.

BiarritzBiarritzBiarritzBiarritzcamperos malagueños en BiarritzBiarritz

Nota: quiero mencionar que he dormido en el Albergue Internacional de Biarritz, que creo que es el alojamiento más barato de la ciudad y tiene una cocina bastante apañada para preparar tus propias comidas. Está algo alejado del centro, pero bien comunicado por autobuses municipales (que son puntuales, en el hostal tienen los horarios). Hay pases de 24 horas por 2€ que valen para coger tantos buses como quieras y salen muy rentables si pernoctas aquí (el billete individual vale 1€).

Nantes, Francia

jueves, 5 de septiembre de 2013

(Que aquí lo llaman Nat, no te lo pierdas)

con Rico, el super-guerrero de Nantes ¿Qué es lo mejor de Nantes?, me pregunta todo el mundo a todas horas. Y yo contesto siempre, sin dudar un instante: «mis amigos». Y no miento. En Nantes viven algunos compañeros de «aventuras en canoa» con los que he compartido estupendos momentos en el rio Mosoni Duna; Emilie (que me ha acogido estos días en su casa), Rico (que se transforma en súper-guerrero por las noches), Dimitri (que cuando dice «Diego» quiere decir «Diego») y Pierre (que puede convertir la cerveza en agua, pero no lo hace nunca).

 

 

Nantes A los que tengáis interés en cosas más turísticas os he de decir que me he tomado la ciudad con mucha calma. He pasado dos días aquí, pero llevo ya seis semanas bastante intensas de viaje y me apetecía descansar un poco el sentido turístico. Así que, aunque he caminado mucho por la ciudad, tan solo he visitado algunos lugares «de interés». Por ejemplo el Jardín de las Plantas; un parque muy bonito y bien cuidado que me llamó la atención por los bancos gigantes, que permiten a los adultos comprender lo que le cuesta a un niño pequeño subirse a un asiento, y por las setas que cantan cuando pasas por delante, a lo cortilandia. Además hay un busto de Julio Verne que nos recuerda que el genio nació en esta ciudad.

Jardín de las Plantas, NantesJardín de las Plantas, Nantes

tejados de Nantes El castillo de Nantes es más bien un palacio amurallado, muy elegante y decorado. Se puede dar un paseo por casi todo el recinto y por la muralla sin pagar, y merece la pena hacerlo. Tiene vistas interesantes de los tejados de la ciudad (me encantan las chimeneas de ladrillo rojo) y de la fábrico original de Lu. Sí, resulta que las galletitas saladas nacieron aquí.

 

castillo de Nantes

tumba de Francisco II de Bretaña, catedral de Nantes  La catedral es gótica, pero no demasiado destacable en mi opinión. Es un poco «mazacote». Pero merece la pena entrar por ver la tumba de Francisco II de Bretaña; un monumento renacentista. Dos estatuas yacentes (Francisco y su mujer) de mármol blanco de Carrara coronan este monumento que tiene un león, un perro, angelitos y cuatro doncellas que representan la justicia, la fortaleza, la templanza y la prudencia. Para tener más de quinientos años se conserva estupendamente.

También dentro de la catedral está el cenotafio del general Lamoricière. Es otro monumento de mármol blanco (con columnas y todo) y cuatro estatuas de bronce negro alrededor (representan la fe, la sabiduría, el coraje militar y la caridad).

catedral de Nantescatedral de Nantes

Nantes es una ciudad muy agradable para pasear; tiene muchas plazas con fuentes espectaculares, parquecillos, calles peatonales y mucha vida. Junto al río Loira hay un paseo que está dedicado a la historia de la esclavitud. Nantes fue un centro importante en el tráfico de esclavos entre Europa y América, y en el suelo de este paseo hay cientos de placas con nombres de barcos negreros que salieron de aquí. Y de muestra, un botón:L'Amitié, zarpó de Nantes en 1728

L'Uni, zarpó de Nantes en 1788L'Aimable Therese, zarpó de Nantes en 1772L'Aimable Pucelle, zarpó de Nantes en 1753La Jeune Celine, zarpó de Nantes en 1830

En fin, un par de días más sociales que culturales que me han servido para coger fuerzas para la recta final del viaje.

Saint-Malo, una sorpresa deslumbrante

martes, 3 de septiembre de 2013

Según mi planificación del viaje después de Rennes visitaría Lorient, que es famosa por el Festival Intercéltico que se celebra allí en agosto. Era el único lugar de la Bretaña sobre el que tenía referencias y tenía ganas de conocerlo. Pero mi anfitrión en Caen, Nico, me convenció para cambiar de destino y el día 2 de septiembre por la tarde me planté en Saint-Malo, una población muy turística conocida por sus playas y la ciudad medieval, llamada intramuros por encontrarse rodeada por una espectacular muralla circular.

Saint-Malo

En julio y agosto Saint-Malo debe ser un hervidero de turistas, por lo visto la población de la ciudad, que es de 50.000 habitantes, se cuadruplica en esa época. Pero a primeros de septiembre la cantidad de turistas no es exagerada. Laetitia, a la que había contactado por blablacar para ir con ella desde Rennes, me acercó hasta un pequeño y barato hotel familiar, cercano al centro, en el que seguramente no habría encontrado una habitación libre una semana antes, pero que estaba casi vacio cuando llegué.

Saint-MaloSaint-MaloSaint-Malo

Saint-MaloLa primera tarde di un paseo por la playa, disfrutando de un atardecer de los que hacen llorar de emoción, hasta los pies de la muralla. La marea estaba baja y la playa era muy ancha. Cerca de la muralla hay una roca grande con un castillo al que se podía llegar caminando. Dos días después, en la mañana que dije adiós a Saint-Malo, hice el mismo recorrido al amanecer y la marea alta no solo había convertido a la roca con el castillo en una isla, sino que la playa había quedado completamente cubierta por las aguas del Atlántico (debajo de estas líneas he puesto unas fotos comparativas). Parece que esta zona tiene uno de los rangos de marea más grandes del planeta.

Saint-Malo con marea baja Saint-Malo con marea alta

A la mañana siguiente recorrí la ciudad “intramuros”. Comencé recorriendo la muralla entera por arriba (entrada gratuita). Y luego recorrí el centro para visitar la catedral y perderme por las callejuelas y escalinatas que suben, bajan y serpentean entre casas de piedra. Este pueblo es realmente impresionante y perfectamente cuidado. A pesar de la gente y las tiendas y restaurantes modernos conserva su atmósfera medieval. En vez de hablar más os pongo unas fotos:

Saint-MaloSaint-MaloSaint-MaloSaint-MaloSaint-MaloSaint-MaloSaint-MaloSaint-Malo

Y para terminar os cuento que por la tarde me fui a la playa da darme un baño. La marea estaba subiendo y la playa es tan llana que cada diez minutos tenía que recoger mis cosas y subir veinte metros para que las olas no me mojaran la mochila. Esta es la misma playa que desaparece completamente con la pleamar.

Saint-MaloSaint-Malo

Y mañana Nantes; viejos amigos, Songoku y setas musicales.